Colorida pintura digital de la Catedral de Santa Ana en Gran Canaria.

Cuenta la leyenda que las dos altas torres que se alzan sobre la Catedral de Las Palmas sustituyeron a las tres enormes palmeras que el conquistador Juan Rejón dejó sin cortar en la zona donde los castellanos instalaron su campamento militar en 1478 y que, a la postre, dieron nombre a la ciudad de Las Palmas. El noble castellano decidió talar la arboleda de la que sería la capital de Gran Canaria para avistar a los guerreros canarios, además de utilizar la madera como empalizada para repeler sus incursiones. Las tres altísimas palmeras también tenían como finalidad servir de rudimentario faro para los barcos que llegasen a la costa. Años después, a partir de 1485, se empezó a construir en ese lugar por orden de los Reyes Católicos la Catedral de Santa Ana, en Las Palmas, y las enormes torres sustituirían a las palmeras como guías para los barcos que se acercaban a la línea de costa de la ciudad. Más de 500 años después, sigue considerándose la construcción más importante de Canarias.